Todo comenzó cuando se privatizaron las empresas del estado nacional y el salteño. Orán y San Martín fueron los más damnificados.

Desaparecidos los depósitos ferroviarios, los trenes que cargaban garrafas de gas en Aguaray, el esplendor de YPF con su Club Social en Mosconi, la destilería de Campo Duran como propiedad de todos los salteños. Todo desapareció, la posibilidad de trabajo, de educación, de salud, de progreso.
Nadie hará lo que sus habitantes deben hacer, les robaron el ferrocarril, el gas, la energía eléctrica, el agua, las ganancias de los juegos de azar, la tierra, el banco provincia y el de préstamos. ¿Qué estarán esperando para recuperar todo lo que les robaron?, ¿Cuánto más esperarán, soñando con esperanzas, que nunca llegan?
Sin agujas en los hospitales, con administradores foráneos que van a reducir el presupuesto ya raquítico, sin médicos. Sin ninguna posibilidad de conseguir trabajo, con los hijos empezando el colegio y con útiles fiados.
La boleta de los impuestos, la luz, el gas, el cable, el teléfono, la patente y el seguro del auto. Los cien pesos que ya no alcanzan para comer un día, y los otros cien que tampoco alcanzan a pagar los remedios del abuelo.
Ni siquiera podemos criar chanchos, para venderlos tenemos que llevarlos al matadero de Britos, el mismo del banco Macro, y eso es carísimo en transporte.
20 años de luchas, de cortes, de heridos y muertos, no pudieron modificar la correlación de fuerza con los privatizadores. Entre mayo y julio ocurrieron todos los hechos patrios, no dejarse vencer por la ansiedad, por la necesidad, solo necesitamos organización y lucha.

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