Pronto llegamos a los tres meses de la nueva gestión municipal, tiempo que muchas empresas consideran “de prueba”, período respetable para ejercitar una primera evaluación de las acciones realizadas.

Y es en este sentido, en el que nos ocuparemos de la función más básica y simple de todas, el mantenimiento de los espacios públicos.
La zona norte de nuestra ciudad concentra una población de gran magnitud, como de años de residencia, y sin embargo sufre un estado de abandono y desidia que impacta en sus vecinos.
Los ciudadanos de esas barriadas aumentan su molestia cada vez que reciben las sobrecargas monetarias en sus impuestos municipales que nunca ven reflejadas en el mantenimiento de sus espacios. Ya es una utopía pensar en las mejoras, pero la carencia de acciones básicas provoca las más iracundas manifestaciones de quejas en conjunto.
En medio de una crisis sanitaria que, como hasta la fecha no se registraba en relación a las enfermedades de dengue, a las que se suma el zika y chikungunya transmitidas por un mosquito que prolifera en aguas y pastos de altura, la municipalidad No avanza en el corte y desmalezado.
En vano son las campañas publicitarias, donde se eroga dinero, si las acciones concretas para atacar la reproducción del insecto no se realizan dejando paso a grandes espacios propensos a convertirse en nichos de epidemias.
Niños y jóvenes principalmente son los usuarios de esos ámbitos en la zona en una ciudad donde aún se puede disfrutar de la práctica de juegos y deportes al aire libre, sin embargo el estado de abandono, convierten esos lugares en peligrosos.
En igual medida podemos sumar el estado bombardeado de las calles que se erosionan constantemente con las nuevas inundaciones, sin llegar a mencionar a los nuevos núcleos urbanos que carecen de pavimento y sus rúas son reales lechos pedregosos de ríos.
La Municipalidad, aumenta su imagen negativa en la zona, cuando, padecedores de todos estos inconvenientes, los vecinos observan atónitos como en el acceso a la rotonda anterior a la Unsa, desde las épocas de los corsos, se rompe la calle colectora para construir una joroba de camello y luego volver a destruir, en obras hasta la fecha.
Esta “deconstrucción y construcción” que obstaculiza la circulación provocando un caos vehicular, genera enojo al ciudadano que concluye, no sin motivos, que la unión de la inoperancia y la corrupción es un hecho que parece, los salteños estamos condenados a padecer.
El corte de pasto es una obligación de la municipalidad de Salta, que fue delegada por concesión a Agrotécnica Fueguina en millonarios contratos que se actualizaron los montos al menos 11 veces los ultimos 8 años, además otras cooperativas también se les asigna solapadamente la tarea. Al saber esto, un vecino, lamentándose dice "da bronca que aún pagando dos veces por lo mismo no se haga, mientras tanto seguimos aquí abandonados"
“Modernizaciones” eran las de antes del posmodernismo, parece.

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